Hay una casa en Cali en la que guardo más de un pecado y no es mi casa. Entre la cumbia psicodelica estaba él sirviendo los tragos del lugar como era su trabajo todas las noches por esos días. No lo conocía de ese día, ya había coqueteado con el unas noches atrás, me decía "y que vas a volver mañana?" y como era de esperarse volví todos los días esa semana.
Al entrar a esa casa él era lo primero que buscaba, lo saludaba y me servia los tragos que quisiera toda la noche, lo único que yo debía hacer era bailar, bailar y bailar hasta que pasara con la siguiente roda de tragos. En esa casa todos se conocen, la de la barra era amiga de un amigo al cual me cogí una vez viendo películas ochenteras de las que solo recuerdo a John Cusack viéndonos desde el televisor, pero ese es otro cuento.
Para mi todas las noches eran iguales en esa casa, el tiempo se volvía cero al entrar, tenia con solo verlo pasar, recibir el baso con vodka y esperar a que se acercara a mi al terminar la noche y me dijera al oído "y que vas a volver mañana?" para que en una noche de las tantas que fui de visita a la casa, se me llenara el corazón de valor tomándolo de la mano y llevándolo conmigo sin preguntarle nada hasta el baño del segundo piso, ahí al final del pasillo al subir las escaleras, justo a la derecha al fondo, justo ahí me folle al amor convertido en vodka esa noche.
Al entrar a esa casa él era lo primero que buscaba, lo saludaba y me servia los tragos que quisiera toda la noche, lo único que yo debía hacer era bailar, bailar y bailar hasta que pasara con la siguiente roda de tragos. En esa casa todos se conocen, la de la barra era amiga de un amigo al cual me cogí una vez viendo películas ochenteras de las que solo recuerdo a John Cusack viéndonos desde el televisor, pero ese es otro cuento.
Para mi todas las noches eran iguales en esa casa, el tiempo se volvía cero al entrar, tenia con solo verlo pasar, recibir el baso con vodka y esperar a que se acercara a mi al terminar la noche y me dijera al oído "y que vas a volver mañana?" para que en una noche de las tantas que fui de visita a la casa, se me llenara el corazón de valor tomándolo de la mano y llevándolo conmigo sin preguntarle nada hasta el baño del segundo piso, ahí al final del pasillo al subir las escaleras, justo a la derecha al fondo, justo ahí me folle al amor convertido en vodka esa noche.