domingo, 28 de julio de 2013

Tomar el té es igual a beber el amor en una bolsa sumergida en agua.


Cuando le escribís tantas veces al amor  te das cuenta que nunca has dejado de creer en él y soñas con el día en que los años te lleguen junto alguien y sean las canas y los maravillosos recuerdos los que te acompañen al  tomar el té en el jardín, recordandole al la vida y a el corazón que el amor existe, que sin amor no viviríamos, porque así los libros de medicinas te digan que no es el amor el motor de la vida, ni mucho menos hace parte de los sistemas básicos con los que funciona el cuerpo humano, no importa, crees fielmente que así es. 

La verdad es que no hay corazón que sin amor viva, no existe pensamiento bonito o recuerdo que te haga sonreír frente al espejo que no haya pasado por tu cerebro ni muchos menos logras explicar de forma exacta esas ganas de vomitar, ese vacío en la boca del estomago o esa marañada de elefantes que tragaste y no ha podido bajar por el esófago, justo cuando la ves o lo ves pasar y sin decidir nada sabes que lo amas y queres invitarlo a comer helado para luego proponerle pasar el resto de la vida juntos.

Solo cuando te encontrás enamorado tenes la habilidad de armar infinitas historias donde siempre sos feliz, no importar si al final de toda la historia no hayas comprado la casa de tus sueños, ni mucho menos importa sino tenes el closet como el de la Duquesa de Cambridge, porque si estás con él nada de eso importa, pues la felicidad ya no la ves 1 aprendiste que la felicidad se suma 1+1, él y vos igual a dos. Imaginas al fin de cuentas un mundo perfecto casi parecido al que leías en los cuentos de hadas cuando eras niña y sin importar las veces que los leyeras los querías oír una y otra vez.

En cuanto te enamoras ya ni en los libros encontras la respuesta a la torpeza motora que desencadena su sola presencia, la gravedad se convierte en tu peor enemigo y  te la pasas más en el suelo que de pie. Llegas a un punto donde  temerosamente ves que se está acercando a saludarte, no sabes si correr, sonreír o mirar fijamente el piso porque sabes que vas a caerte igual que en las anteriores quinientas veces, pero igualmente es ese príncipe azul que te recoge del suelo y te ayuda como caballero que es a organizar una a una las copias que acabas de sacar para leer en la clase siguiente.


Es por eso que no paro de escribirle al sentimiento más hermoso con el cual nacimos los hombres, podrán romperme el corazón mil veces que ni así dejaría de creerle al amor, ni mucho menos pararía de soñar en que ya llegara el día en el que gritare desde el jardín “amor, ven aquí junto a mí que se te está enfriando el té”.

miércoles, 17 de julio de 2013

No me digas más.

Me podes decir que soy la mujer de tu vida y te confieso que ya ni a ti eso te creo.

Me podes decir que compraste una caja entera de zapatos, vestidos y otra de maquillaje, solo para mi o que si quiero te puedo ser infiel con Adam Levine que ya ni a ti eso te creería.

Me podes estar construyendo un palacio en mi nombre, tener un batallón de sirvientes a mi disposición y solo los utilizaría a todos ellos para derrocarte del trono y poner tu cabeza en el frente del castillo.

Me podes estar escribiendo el libro que te llevara a ganarte el nobel de  literatura con cada una de las historias de todos estos años entre tu y yo, que sólo utilizaría las hojas para que el perro durmiera en ellas

Me podes estar pidiendo perdón por haberme roto el corazón las veces que viste la necesidad hacerlo, fueron tantas veces mientras me creía feliz a tu lado, que ni así te volvería a dar el último pedazo de corazón que dejaste en este pecho, porque te cuento que ese corazón ya tiene dueño y no eres tú.

Me  poder estar entregando todo el amor que me dejaste de dar mientras estabas lejos, qué simplemente te diría que ya no lo quiero.

No me digas más que espere... qué la vida nos pondrá de nuevo en el camino y seremos felices, porque no me podes decir a mi que te espere más, la vida no tiene tu nombre, la vida es mía no tuya.

Quiero que te quede claro:  mi corazón era tuyo y ahora es mio.

Mio.


Ay mi negro... es indescriptible la sensación que tuve hoy al encontrar entre todos mis archivos una foto de los dos. Ambos éramos más felicidad  que cachetes juntos en esa foto, tanta era la felicidad que el recuento de dientes que se pueden mostrar en una sonrisa ya sobrepasaba de lo normal, le sonreímos a la cámara esa noche como si quisiéramos que todos supieran que el amor lo llevábamos en nosotros, qué los mitos de la semana santa eran  falsos, qué teníamos la ciudad  para los dos y solo para los dos por esos días.

Creo que todavía no paro de verla, me encanta y lloro cada vez que la veo, porque se que nunca fui  tan feliz como lo fui aquellos días en tu ciudad ... sabias?. 

Ay negro, porque no logras entender que yo a vos te quiero, me llenas el corazón y me llenas los días de color, qué llevas en tu piel morena ese sabor que tanto me enamora.


Sabes algo negro?  Aquí está tu negra, esperando  porque regreses negro mío. Échale candela a la vida que tenes por allá en la ciudad, este monte esta para guarachar, pa’ bailar solo vos y yo. Piénsalo negro, que este Pacífico está hecho para los dos.