Cuando le escribís tantas veces al amor te das cuenta que
nunca has dejado de creer en él y soñas con el día en que los años te lleguen
junto alguien y sean las canas y los maravillosos recuerdos los que te
acompañen al tomar el té en el jardín, recordandole al la
vida y a el corazón que el amor existe, que sin amor no viviríamos, porque así
los libros de medicinas te digan que no es el amor el motor de la vida, ni
mucho menos hace parte de los sistemas básicos con los que funciona el cuerpo
humano, no importa, crees fielmente que así es.
La verdad es que no hay corazón que sin amor viva, no existe pensamiento
bonito o recuerdo que te haga sonreír frente al espejo que no haya pasado por
tu cerebro ni muchos menos logras explicar de forma exacta esas ganas de
vomitar, ese vacío en la boca del estomago o esa marañada de elefantes que
tragaste y no ha podido bajar por el esófago, justo cuando la ves o lo ves
pasar y sin decidir nada sabes que lo amas y queres invitarlo a comer helado
para luego proponerle pasar el resto de la vida juntos.
Solo cuando te encontrás enamorado tenes la habilidad de armar infinitas
historias donde siempre sos feliz, no importar si al final de toda la historia
no hayas comprado la casa de tus sueños, ni mucho menos importa sino tenes el
closet como el de la Duquesa de Cambridge, porque si estás con él nada de eso
importa, pues la felicidad ya no la ves 1 aprendiste que la felicidad se suma
1+1, él y vos igual a dos. Imaginas al fin de cuentas un mundo perfecto casi
parecido al que leías en los cuentos de hadas cuando eras niña y sin importar
las veces que los leyeras los querías oír una y otra vez.
En cuanto te enamoras ya ni en los libros encontras la respuesta a la
torpeza motora que desencadena su sola presencia, la gravedad se convierte en
tu peor enemigo y te la pasas más en el suelo que de pie. Llegas a un
punto donde temerosamente ves que se está acercando a saludarte, no sabes
si correr, sonreír o mirar fijamente el piso porque sabes que vas a caerte
igual que en las anteriores quinientas veces, pero igualmente es ese príncipe azul
que te recoge del suelo y te ayuda como caballero que es a organizar una a una
las copias que acabas de sacar para leer en la clase siguiente.
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