Era una noche de Sábado
cualquiera en el barrio Alameda de Cali, se escuchaba que la Reina Leonie había
llegado con salsa al barrio. Todo sucedería en “La Terraza” donde hasta el
mismo diablo le gusta ir a bailar salsa antes de ir a Juanchito. El lugar siempre
lleno de pinturas con mujeres desnudas que al parecer son acuarelas, pero todos
en el lugar saben que son las mujeres de Eduardo, esas mismas que le cambiaron
la vida pero prefirió dejarlas sobre el lienzo que compartir una vida con
ellas.
Se rumoreaba en todos los rincones
que Leonie había regresado, que estaba de nuevo en la ciudad. Era algo como sí
es mito del Barrio de San Antonio se hubiese vuelto cuerpo y nadie podía perderse
la oportunidad de ver a semejante reinita.
Todos sabían de ella pero yo no tenía
idea quien era ella y era de esperarse no crecí en el barrio, pero la
curiosidad de conocerla era infinita. Al
llegar a la terraza justo en la puerta la conocí, Eduardo quien conocía a Andrés
mi cita de esa noche nos la presento,
Eduardo conocía a Andres pues había salido con Catalina una amiga de él de la universidad (a quien todavía
busco en cada uno de los cuadros del lugar, pero esa es otra historia). Todos
se saludaron como si se conocieran de toda la vida, se suponía que la única foránea
del lugar era Leonie pero la verdad es que era Yo. Pero ahí estaba ella, la
diosa extranjera del barrio San Antonio, la reinita de todo el barrio, la
mujer, la dura, la musa de la salsa caleña oís; su tez blanca era el reflejo de
sus días ausentes de la sucursal del cielo, tenía el pelo corto tanto que no
sobrepasaba sus hombros, en sus manos llevaba una botella de color verde, pero
lo que más me deslumbro fue verla sonreír créanme cuando les digo que la Cra
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para competir con esa sonrisa, la lengua le tropezaba con los dientes al
modular “Hola”, era el mito, era ella y yo solo le sonreí.
El lugar no era muy grande, unas
cuantas mesas, 6 sillones y una nevera llena de cervezas era todo lo que había. Leonie se paseaba por el lugar como si lo conociera de hace años, sabía
que todos estaban ahí por ella, al son
de la salsa más caleña caminaba y bailaba por todos lados, Eduardo no la dejaba
sola la introducía a todos los asistentes esa noche, el mito, la leyenda debía conocerse
que en San Antonio vive Leonie, la extranjera esa muchacha que nunca se doblego a ningún hombre
o mujer que quiso sobrepasar su debilidad
foránea de vivir en una ciudad donde en cualquier lugar se arma el
bembé.