lunes, 3 de marzo de 2014

Leonie.

Era una noche de Sábado cualquiera en el barrio Alameda de Cali, se escuchaba que la Reina Leonie había llegado con salsa al barrio. Todo sucedería en “La Terraza” donde hasta el mismo diablo le gusta ir a bailar salsa antes de ir a Juanchito. El lugar siempre lleno de pinturas con mujeres desnudas que al parecer son acuarelas, pero todos en el lugar saben que son las mujeres de Eduardo, esas mismas que le cambiaron la vida pero prefirió dejarlas sobre el lienzo que compartir una vida con ellas. 

Se rumoreaba en todos los rincones que Leonie había regresado, que estaba de nuevo en la ciudad. Era algo como sí es mito del Barrio de San Antonio se hubiese vuelto cuerpo y nadie podía perderse la oportunidad de ver a semejante reinita.

Todos sabían de ella pero yo no tenía idea quien era ella y era de esperarse no crecí en el barrio, pero la curiosidad de conocerla era infinita.  Al llegar a la terraza justo en la puerta la conocí, Eduardo quien conocía a Andrés mi cita  de esa noche nos la presento, Eduardo conocía a Andres pues había salido con Catalina  una amiga de él de la universidad (a quien todavía busco en cada uno de los cuadros del lugar, pero esa es otra historia). Todos se saludaron como si se conocieran de toda la vida, se suponía que la única foránea del lugar era Leonie pero la verdad es que era Yo. Pero ahí estaba ella, la diosa extranjera del barrio San Antonio, la reinita de todo el barrio, la mujer, la dura, la musa de la salsa caleña oís; su tez blanca era el reflejo de sus días ausentes de la sucursal del cielo, tenía el pelo corto tanto que no sobrepasaba sus hombros, en sus manos llevaba una botella de color verde, pero lo que más me deslumbro fue verla sonreír créanme cuando les digo que la Cra 15  no era lo suficientemente iluminada para competir con esa sonrisa, la lengua le tropezaba con los dientes al modular “Hola”, era el mito, era ella y yo solo le sonreí.

El lugar no era muy grande, unas cuantas mesas, 6 sillones y una nevera llena de cervezas era todo lo que había. Leonie se paseaba por el lugar como si lo conociera de hace años, sabía que todos estaban ahí por ella,  al son de la salsa más caleña caminaba y bailaba por todos lados, Eduardo no la dejaba sola la introducía a todos los asistentes esa noche, el mito, la leyenda debía conocerse que en San Antonio vive Leonie, la extranjera esa muchacha que nunca se doblego a ningún hombre o mujer que quiso sobrepasar su debilidad  foránea de vivir en una ciudad donde en cualquier lugar se arma el bembé.

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